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El vuelo de Edi

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CAPÍTULO III: LA RESPUESTA

Encontramos a Edi, un bicho bolita aventurero atrapado en las garras del mamboretá, que prometió soltarlo si responde el siguiente acertijo:

 

“¿Qué es lo que se rompe cuando se pronuncia?”

 

Y en eso estaba Edi, pensando pensando cuál era la respuesta al acertijo, cuando sobre sus cabezas se armó un alboroto. Tres loros se habían posado sobre la copa de un árbol de mamón, y discutían ruidosamente por el último fruto que quedaba:
-Prrrr, decía el primero, el fruto es mío.
-Prrrr, de ninguna manera, decía el segundo loro, el mamón es para mi.
-¿Y si lo compartimos?, dijo el tercero.
-¡No!, contestaron los otros dos.
-¡Yo llegué antes!, dijo el segundo loro.
-¡Eso no puede ser! Porque yo llegué primero, y antes de primero no llega nadie, porque el primero es un uno con un redondelito (1°).
-Entonces yo llegué cerero, dijo el segundo loro, que es un cero con un redondelito (0°).
-¡Eso no existe!, Respondió el primero.
-¿No podemos haber llegado todos primeros?, propuso el tercer loro.
-¡No!, contestaron los otros dos.
Y así seguían, en una discusión sin fin. Con tanto alboroto a Edi le costaba mucho concentrarse y el mamboretá se estaba impacientando:
-¡Bueno chamigo! ¿Tenés ya la respuesta?
Edi, temblando en las garras de la mantis, daba vueltas a la adivinanza ¿Qué es lo que se rompe cuando se pronuncia?, se preguntaba una y otra vez. Mientras, la mantis hacía ¡clap, clap, clap! impaciente con sus tenazas y los loros seguían ¡Prrr! ¡Prrr! ¡Prrr! -Yo llegué primero - ¡Prrr!
“Si al menos esos loros hicieran un poco de silencio para que pueda concentrarme”, pensaba Edi. Entonces se le encendió la lamparita.
 

-¡El silencio! gritó, tan fuerte que los loros asustados se callaron. El mamboretá se lo quedó mirando con cara sabionda y sonriente.
-Cuando pronunciamos la palabra ya no hay más silencio, entonces ¡el silencio se rompe cuando se pronuncia!!, explicó Edi triunfal. Luego agregó aún temeroso: -Prometiste que me soltarías.
-¡Chamigo!, exclamó el mamboretá, -¡Un bicho bolita con sentido común! -Claro que te dejaré ir, agregó, -El sentido común es el menos común de los sentidos, y no estamos para andar desperdiciándolo. Pero decíme, ¿adónde vas? sos muy chiquito para andar por ahí solo, puede ser peligroso.
-Quiero volver bajo el juvenil donde está mi familia, contestó Edi algo más aliviado.
-¡Huuu! ¡Eso está bastante lejos!, exclamó el mamboretá, ¿Cómo llegaste hasta acá?
-Verá, contestó Edi tomando aire para responder, primero volé sobre una hoja como si de una alfombra mágica se tratara; después caí en el piletín pero me atrapó un benteveo que luego me soltó y rodé hasta los papiros donde me enterré en lo profundo de la tierra negra donde me dormí. Cuando desperté, conocí a una lombriz, pero me dio hambre y salí en busca de hojas podridas, pero acá hay solo papiros, entonces trepé hasta aquí para ver hacia donde ir, y entonces me atrapó usted.
El mamboretá lo escuchó cada vez con mayor interés sin dejar de sonreír. -¡Si que sos un bicho raro chamigo! Le dijo dándole una palmada en la espalda. No te preocupes, yo te voy a guiar hasta el linde del bosque de papiros y después, te indicaré por donde tenés que seguir para llegar bajo el juvenil. ¡Andando!
Y juntos, emprendieron el camino que llevaría a Edi bajo el juvenil junto a su familia.


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Cuento: Eliana Rios