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Día del médico rural

El 4 de julio, día de nacimiento del Dr. Esteban Laureano Maradona, fue declarado como el Día Nacional del Médico Rural, para rendir homenaje a su memoria y en su nombre, a todos los médicos que desempeñan su labor en el ámbito rural.

El Dr. Esteban Laureano Maradona, nació en Esperanza, provincia de Santa Fe, el 4 de julio de 1895. Se recibió en 1928 de médico en Buenos Aires, pero pronto su profesión lo llevó hacia el interior del país.
Pasó más de cincuenta años ejerciendo la medicina en Estanislao del Campo, una remota localidad en la provincia de Formosa. Gracias a sus esfuerzos, logró erradicar de allí la lepra, el mal de Chagas, la tuberculosis, y otras enfermedades infecciosas.
Además consiguió una fracción de tierras fiscales para fundar una Colonia Aborigen junto a 400 naturales de la región (tobas y pilagás). Maradona les enseñó tareas agrícolas como el cultivo del algodón, a cocer ladrillos y a construir edificios rudimentarios, para que pudieran mejorar sus condiciones de vida.

El Dr. Maradona fundó una colonia agrícola para mejorar la vida de tobas y pilagás en el monte formoseño; donde logró erradicar la lepra, la tuberculosis y el mal de Chagas entre otras enfermedades.

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En la colonia, fundó una escuela rural (en la cual se desempeñó como docente por tres años) que, a pedido de él, recibió el nombre de uno de sus tatarabuelos, José Ignacio Maradona. Éste, había sido representante por la ciudad de San Juan ante la Junta Grande (1810-1811) y responsable de que en 1811 se sancionara el decreto que extinguía el tributo que pagaban los pueblos originarios a la Corona de España.
Su conocimiento de la gente y la geografía de la región, lo llevó a escribir varios libros científicos sobre botánica, antropología, historia y costumbres de los pueblos originarios.
La vida del Dr. Maradona se caracterizó por una gran modestia y abnegación. Renunció a todo tipo de honorario y premio material viviendo en la humildad, colaborando con su dinero y tiempo con los más necesitados, a pesar de que podría haber vivido cómodamente como médico de ciudad.
“Así viví muy sobriamente 53 años en la selva, hasta que el cuerpo me dijo basta. Un día me sentí morir y me empecé a despedir de los indios, con una mezcla de orgullo y felicidad, porque ya se vestían, se ponían zapatos, eran instruidos. Creo que no hice ninguna otra cosa más que cumplir con mi deber”.

Su vida se apagó serenamente rodeado por su familia en Rosario (Santa Fe), a pocos meses de cumplir 100 años. Pero su ejemplo sigue avivando el corazón de muchos médicos desconocidos, que con su empeño llevan un soplo de esperanza a los rincones más olvidados de nuestro país.